Para contemplar esta capilla uno debe dirigirse al norte de la catedral, donde se halla, adosada al brazo septentrional del crucero con el que se comunica a través de la portada flamenca que fue realizada durante la época en la que Nicolás de Bar y Nicolás de Bruselas se encontraban a cargo de las obras, ocupando el lugar de la prerrománica basílica de Santa María del período de Alfonso II.

De la inexistente basílica prerrománica se sabe que medía 100 pies de largo, estaba estructurada en tres naves separadas por arquerías de seis arcos que descansaban en pilares y tres ábsides cubiertos con bóveda. El mausoleo de los reyes de la Monarquía Asturiana se encontraba a los pies de la nave central y consistía en una pequeña habitación que recogía los sepulcros en el suelo.

Pese a que en 1660 ya se pidieron trazas al arquitecto Melchor de Velasco para la construcción de la nueva capilla, las obras no comenzaron hasta 1705 estando al frente de las mismas Bernabé de Haces que, tras el derrumbamiento del cimborrio en 1709, hubo de ceder su puesto a Luis de Arce.

Se trata de una edificación de tres naves, siendo estrechas las laterales, ancho el crucero y con sólo un ábside central, de gran monumentalidad, lujo y dignidad, pese a sus pequeñas dimensiones.

Dos fuertes pilares cruciformes con semicolumnas adosadas en los frentes separan las naves, elemento que se repite, aunque más complicado, en el arco de triunfo. Un ancho entablamento con friso y cornisa muy desarrollada, las corona.

 Se puede contemplar en el centro del crucero un cimborrio compuesto por tambor octogonal calado de cuatro ventanas y cúpula de ocho tramos separados por radios bien marcados. Para aumentar la luz y completar el perfil de la cúpula se abrió, 15 años más tarde, el cupulín. El escudo de España ocupa un gran recuadro en los paños ciegos del tambor, mientras que en las pechinas se pueden contemplar los bustos de los reyes Alfonso II, Ramiro I, Ordoño I y Alfonso III.

Una reja fabricada en 1714 separa el presbiterio del resto. Se trata de un espacio de planta rectangular cubierto con bóveda elipsoidal avenerada que descansa sobre pechinas con relieves de la vida de la Virgen.

Obra también de Bernabé de Haces, de estilo barroco, es el Panteón Real, situado en el primer tramo de la nave de la Epístola. El único vestigio que se conserva del pasado es un sarcófago de alabastro.

En la capilla es posible contemplar uno de los retablos más bellos de todo el barroco asturiano, encargado a Antonio Borja en 1717. Destacan en el centro la imagen de nuestra señora del Rey Casto rodeada de un coro angélico y escoltada por dos arcángeles, mientras que, las calles laterales contienen relieves de la infancia de Cristo. Mención especial merece el grupo de la Asunción situado en el ático, mientras que, a los lados, y para subrayar el carácter regio de la capilla, se colocaron las figuras de los reyes San Hermenegildo y San Fernando.

A la izquierda del presbiterio, en el crucero, se halla un pequeño retablo que recoge a un Crucificado de tamaño menor que el natural, regalo de don José Muñoz Barba a la catedral.

También destacable y situada en un pequeño retablo del siglo XVI ubicado en la nave sur se encuentra La Virgen de la Luz.

No se puede dejar de mencionar, asimismo, las tres cabezas del Calvario colocadas a los pies de la nave central y similares a las que existen en el mismo lugar en la Cámara Santa y que, al igual que en este último caso, tendrían sus cuerpos pintados sobre el muro, se trata de las cabezas de Cristo, María y San Juan.

 

>>>Las Portadas de la Catedral de Oviedo.