El claustro está situado al sureste de la catedral, junto a la sala capitular. Es de planta rectangular, concretamente sus dimensiones son 27 x 32 m, correspondiendo a las galerías oriental y occidental la máxima longitud.

Para la construcción del claustro que hoy se puede contemplar fue necesario derruir el existente anteriormente, de estilo románico.

 

Arquitectura

Las obras, iniciadas poco después que las correspondientes a la sala capitular, fueron realizadas simultáneamente durante algún tiempo. Gracias a la documentación existente se sabe que en agosto de 1300 los pedreros estaban labrando en el claustro y que la obra se inició por el ángulo noreste, contiguo al cabildo.

Los trabajos fueron interrumpidos debido a la falta de apoyo económico, hasta que, en el año 1345, el rey Alfonso XI visitó Oviedo, haciendo una donación de 24.000 maravedís para continuar con la obra del claustro. El especial interés mostrado por don Sancho, obispo desde 1348, resultó también capital proseguir con las obras, quedando por edificar a finales del siglo XIV solo el ala oriental, una labor que fue llevada a cabo por el obispo don Diego Ramírez de Guzmán, entre los años 1412 y 1441, y que quedó patente a través de la presencia de sus armas en claves y capiteles.

Los tres períodos del gótico español quedaron plasmados en el claustro a través de las etapas mencionadas anteriormente y materializadas a través de los distintos apoyos utilizados y los diferentes tipos de tracería empleados en los catorce ventanales abiertos al jardín central, cuatro en cada uno de los lados largos, es decir, este y oeste, y tres en cada uno de los cortos, es decir, norte y sur.

Cabe comentar que en el ala norte se adosan a los muros pilastras idénticas a las existentes en el claustro de la catedral de León.

Un simple paseo por las alas occidental, meridional y oriental permiten pasar de la etapa clásica del gótico a la manierista y a la barroca, suficiente con echar la vista a los elementos sustentantes para ser conscientes de ello. Mientras que las bóvedas se mantienen fieles al tipo clásico de la crucería simple, los pilares aparecen cada vez más baquetonados y modelados.

En la tracería de los ventanales también se aprecian importantes variaciones, por un lado, los círculos y rosetas lobuladas de las crujías del siglo XIV, mientras que en el ala este se puebla de multitud de líneas que se cruzan constantemente en sentido ascendente, propias del barroquismo de la época flamígera. El hecho de que la catedral ovetense contase con obras de tipo flamígero diez años antes de mediar el siglo XV, sitúa a la ciudad en una posición de vanguardia respecto a otros centros de la Corona castellana, a priori, ubicadas en lugares más propicios. Y es que, el núcleo ovetense, debido al aislamiento impuesto por el lugar elegido para su emplazamiento, se mantuvo casi siempre un poco rezagado en la incorporación de elementos traídos por las distintas corrientes artísticas.

Mientras que con anterioridad al siglo XVIII la portada principal del claustro se abría en el ángulo noroeste, a partir de dicha fecha pasó a desempeñar dicha función la situada en el ala sur, conocida como Puerta de las Limosnas y obra del arquitecto Francisco de la Riva Ladrón de Guevara, autor asimismo del piso alto del claustro.

Los Capiteles

El de la Catedral de Oviedo es uno de los pocos claustros góticos españoles que exhiben un repertorio iconográfico tan variado y rico. El Antiguo y el Nuevo Testamento, las fábulas y leyendas, la vegetación, la hagiografía, y un sinfín de temas más se reparten ménsulas y capiteles, con notables variaciones en lo relativo a estilo y calidad de las distintas piezas, algo del todo lógico en una obra que se prolongó durante siglo y medio.

Mientras que la tradición románica queda patente en los capiteles de los ventanales de la crujía septentrional, en la zona de muro, así como en la occidental existen realizaciones de clara inspiración leonesa. Réplicas evidentes a las halladas en el claustro de la Catedral de Santa María de León son iconografías como “La crucifixión de San Pedro” o “El martirio de Santiago el Mayor”.

En el ala oeste destaca la ménsula de “La cacería regia” por su enorme grado de expresividad movimiento y detallismo. No se puede olvidar que fue precisamente en el ala occidental donde se inició la segunda etapa constructiva, por lo que cambia el estilo, pero no la calidad, quedando de manifiesto a través de los capiteles, entre los que destacan un grupo de ellos dedicados a la enseñanza, considerados una de las más soberbias piezas del siglo XIV.

En la crujía sur abundan los animales fantásticos como dragones, grifos o basiliscos, siendo especialmente destacable la representación que se hace de la historia de San Jorge.

En el sector flamígero, es decir, el ala este del claustro, los capiteles se llenan de motivos como el Ecce Homo y representaciones florales, que nacen en el siglo XV, y que permanecieron hasta antes ignoradas.

Otras Esculturas

Empotrados sobre la puerta de ingreso a la sala capitular se encuentran dos relieves románicos de cuerpo entero del siglo XII que representan a los apóstoles Pablo y Pedro. Las piezas recuperadas en excavaciones realizadas en el claustro, similares a las preladas, hacen pesar que estos dos relieves pudieron formar parte de la antigua catedral.

La época gótica queda patente en esculturas como la de Alfonso XI, realizada en madera en el siglo XIV y situada en el ala oeste, quizás la más conocida y alabada de cuantas se encuentran en el lugar, sin despreciar otras como las adosadas al pilar suroccidental, quizás realizadas por el mismo artista, dado que guardan un gran parecido en algunos casos. Sin embargo, y contrastando con las anteriores, el grupo de esculturas adosadas al pilar noroccidental resulta bastante tosco para la época.

Colocada sobre la primitiva puerta del claustro y realizada entre los siglos XV y XVI, se encuentra una obra de tradición gótica francesa con detalles renacentistas y matizada con detalles hispanos, se trata de la Virgen con el Niño.

Los Sepulcros

En el claustro existen tres tipos de sepulcros: de pavimento, adosados al muro y de tipo arcosolio.

Pese a ser los más numerosos, solo un sepulcro de pavimento ha logrado llegar en condiciones aceptables hasta nuestros días. Se halla situado ante la puerta del cementerio de peregrinos, fue labrado en el siglo XV y lleva esculpido un sol rodeado por una inscripción. Como suele ser habitual en este tipo de sepulcros, el sarcófago es rectangular y la tapa, de una o dos vertientes, se cubre con decoración heráldica.

De los sepulcros adosados al muro, dos de ellos pertenecen al maestrescuela Luis Alfonso y a Rodrigo Alfonso, su hermano, concretamente los arrimados al muro occidental, mientras que los situados junto a la pared medianera con la Cámara Santa pertenecen al arcediano Ruy Fernández y al chantre Álvaro Pérez.

En el claustro existen en total siete sepulcros de tipo arcosolio y no todos poseen el mismo interés artístico. Destaca, por encima de los situados en el ala sur y en el ala oeste, el sepulcro que alberga los restos del deán Pedro Gay. En el frente del sarcófago, y junto con las del obispo don Sancho, alternan sus armas, mientras que a modo de tapa se coloca la imagen yacente del difunto. Un relieve ajustado al modelo gótico que representa al Cristo Juez acompañado por la Virgen y San Juan se sitúa en el tímpano. Hallándose el conjunto flanqueado por pilastras, y completándolo un gablete con cumbre de florón. De similares características es el enterramiento abierto en el muro norte, sin embargo, en este caso el sarcófago es sencillo.

 

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