Madagascar visto de sus piraguas

Soy un apasionado de viajes en Madagascar, y planificaba una enésima estancia en la Gran Isla. Todos como mis precedentes viajes, me debo a conferir a eso una originalidad que la hace inolvidable. Opté por el descubrimiento de dos extensiones de aguas interiores, el Tsiribihina y el canal de Pangalanes.

El descenso del Tsiribihina

Llegada a Miandrivazo, se me proponen dos opciones por el descenso del río: la piragua con motor o la versión que avanza con la fuerza del brazo. Opté por esta segunda alternativa, no es porque deseaba fortalecer mis músculos, sino porque permite ver mejor la fauna que no vamos a desaprovechar de encontrar a lo largo de la travesía. Cuando estoy a proximidad de las aves de plumas brillantes, de los cocodrilos y de los lémures, estoy convencida de haber tomado la buena decisión.

El Tsiribihina no es inmensamente visitado, pero cruzamos sin embargo por otras embarcaciones que efectúan un servicio de entrega para las pequeñas aldeas que bordean el río. Cada vez que cruzamos por una, se establece una conversación animada y cordial entre los conductores y los viajeros. Aunque no entiendo ni una palabra de lo dicho, la sonoridad del idioma me encanta. Y es una de las cosas que me gusta más durante mis viajes a Madagascar.

El crucero por el canal de Pangalanes

Este canal, el más largo del mundo con sus 650 kilómetros, fue construido por el colonizador afín de enviar mercancías provenientes del sur del país hacia el puerto más grande de Madagascar, Tamatave. Tranquilidad y descanso absoluto llegan a la cita. Aquí también, la convivialidad de los piragüeros me impresiona. Noto que el idioma, o más bien el dialecto, tiene cualquier otra sonoridad, pero me seduce tanto. Como todo crucero digno de este nombre, lo que efectúo por el canal de Pangalanes es entrecortado de escalas. Antes de embarcar, tuve la ocasión de asistir en el “Sambatra”, una circuncisión comuna que se desarrolla en Mananjary cada siete años. A la llegada, descubrió el Palmarium, un concentrado de especies vegetales endémicas y el lago Rasoabe y sus playas de arena blanca

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